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PARTE I

Pongo el cuenta kilómetros a cero y comenzamos el día 2, a las 13,30 más o menos, nuestro periplo por las carreteras españolas y francesas haciendo nuestra primera parada en Milagros, donde comemos y tomamos un café, los adultos, y un helado, los infantes.

Sobre las 19,15 llegamos al camping previsto en Hondarribia, donde nos dicen que no sólo ellos están al completo sino todos los campings de la zona. Seguimos camino a Urrugne, en la ruta hacia San Juan de Luz, donde a las 20,15 ya nos han dado la misma contestación que en el camping español: “completo”. Acabamos en la Casa Rural “Unxin Alde” donde nos dejan acampar en su césped (con la condición de que sólo montemos una tienda y que la otra familia utilice la caravana que tienen). Cenamos, relativamente bien, instalados en nuestras confortables sillas y mesas de campo. Apenas nos hemos metido en el saco (no confundir con una cama) se abren las puertas del cielo y comienza a caer lo que parece un “diluvio” (no cesa en toda la noche de llover y, además, lo hace en una magnitud muy por encima de lo normal). Durante toda la noche los de la caravana nos ofrecen asilo político pero nosotros, que casi somos de Bilbao, seguimos impertérritos en nuestros sacos de dormir, aguantando estoicamente la avalancha de agua, que a eso de las 4 ó 5 de la madrugada se ha filtrado por las costuras de las cremalleras y empieza a mojar las .

Amanece, que no es poco, y comenzamos a evaluar los daños producidos por el desastre climático. Colchonetas y bolso de Luisa mojados, el resto ha aguantado valientemente los embates de la tempestad.

Menos mal que se nos ocurrió meter las sillas en los coches, gracias a eso están secas y prestas a ser utilizadas.

Las chicas preparan el desayuno y, tras el obligado aseo y el regalo, por parte de la dueña, de un croissant para cada uno de los niños, salimos con dirección al interior de este país: Francia.

Son las 10,30, del día 3, cuando iniciamos, con la tienda más mojada que seca sobre el suelo trasero del coche, el camino hacia nuestro próximo punto de descanso: Poitiers.

Transcurre nuestro camino, en gran parte, por autopista, desde la que empezamos a admirar el bonito paisaje de la campiña francesa y los campos de cultivo (la mayoría plantados de girasoles) magníficamente cuidados y entre ellos zonas boscosas, unas veces más grandes y otras más pequeñas que sirven de separación entre cultivos y de zonas de descanso, tanto en autopistas como en carreteras nacionales.

En un adelantamiento un R-5 franchute, me da un chinazo en el cristal delantero haciéndome un picotazo en mi novísimo e impoluto parabrisas ¡Me cago en todo lo cagable! ¡Vaya entrada en Francia!

Paramos, en la autopista, a comer en un área de servicio. Por cierto ¡Esto son áreas de servicio y “aires” (áreas de descanso), y no las que hay en España! Aquí en todos los baños ¡Todos! Hay papel higiénico y mayor limpieza (y eso que dicen que son unos guarros) que la que se puede encontrar en muchos de nuestros bares, restaurantes y áreas de servicio. Bueno pues comemos pollo asado y patatas fritas (el sitio está colapsado por los usuarios de la autopista, y eso que hay varios sitios donde elegir). La comida ¡Cara! Y la bebida ¡También! Estamos en la Europa Rica.

Continuamos viaje saliendo de la autopista, observo que en la carretera –en determinados lugares– hay unas siluetas negras a tamaño real (parece ser que son “puntos negros” donde ha habido accidentes, y en las figuras van anotando los muertos –una para niños, otra para mujeres y otra para hombres– ¡Joder tanta información apavostia!) y llegamos a Poitiers (donde, de momento, no entramos), realmente a Avanton, acomodándonos, sobre las 17,25, en el Camping du Futur, en el 9 de la rue des Bois , alejado unos pocos kilómetros del centro de la ciudad y próximo a Futuroscope.

Instalamos nuestras dos flamantes tiendas de campaña (la mía se termina de secar debido a que la tarde es soleada y con viento, lo que también ayuda) y nos duchamos y aseamos, mientras nos dedicamos a todas estas cosas los niños disputan una divertida partida de mini Golf, gozando además de descuento en el precio por el reducido tamaño de Rut. A las 21 preparamos la cena, una fabada que hemos traído y que, debido a la temperatura reinante por la noche, se agradece.

Futuroscope (Francia)

El día 4 lo dedicamos enteramente a recorrer y disfrutar de Futuroscope. Tras el desayuno, y tras pasar por la recepción del camping para solicitar, si tienen, una “mobile home” (hemos pasado frío, además de que la condensación ha hecho que ambas tiendas por su interior estén totalmente empapadas, lo que nos empuja a compartir casa), que sí tienen. Cambiamos tiendas por home y dejamos las ídem secándose junto a nuestra flamante home para salir pitando hacia Futuroscope.

Tras circular unos diez o quince minutos, perdidos entre campos de cultivo, llegamos al gigantesco parking de Futuroscope. Está bien organizado, como todo lo que hemos visto aquí. Cuando llegas a las taquillas, tras pagar por dejar el coche en el aparcamiento (6 €), te retratas al módico precio de 31 € los adultos y 24 los niños.

A pesar del precio, merece la pena conocer este lugar que es un parque temático donde en cada sala (edificio –19–, distintos, varios y originales unos de otros) proyectan, en su mayoría, documentales tridimensionales que gracias a las gafas que te proporcionan a la entrada de cada recinto y de los auriculares de los que nos hemos provisto (previa petición y con el carné de identidad como fianza en una tienda de la entrada) puedes seguir perfectamente en español, seleccionando el dial 7, todos los comentarios.

Futuroscope (Francia)

Además de lo educativos, interesantes y distraídos documentales y filmes disfrutamos del buen tiempo que nos hace (un bonito y soleado día) y de los juegos y caminos que recorren, en toda su extensión, todo el parque. Descubrimos, o mejor dicho descubren los niños, que hay una zona cubierta con una celosía por donde sale agua micronizada para solaz y refresco de los que aciertan a pasar por debajo (los niños pasan durante el día un montón de veces), que huele fantásticamente bien todo por lo estudiado de la plantación de árboles y flores olorosas, lo cuidado que está todo en general (céspedes, parterres, caminos, edificios, mobiliario, etc.).

Comemos allí, en Planète Burger (obviamente, hamburguesas y patatas fritas) y también cenamos en el restaurante italiano Saveurs de Soleil, por 64 €, donde nos hicieron la gracia de regalarnos algún que otro plato y postre de los niños. Como colofón del día, a las 22,30 (teniendo en cuenta que entramos a las 10,30 o así hemos de reconocer que el día ha dado de sí todo lo más posible), asistimos, junto con un montonazo de gente más, al espectáculo de luces, agua y fuegos artificiales que sobre la laguna pone el punto y final todos y cada uno de los días de este parque. Conclusión: disfrutamos de un hermoso día, andamos lo que no está escrito, nos gustó mucho, comimos bien y estuvimos muy a gusto.

Retorno al camping y a disfrutar de nuestra mobile home ¡Qué bien se duerme a cubierto!

El día 5 amanece un poco cubierto (como estamos a cubierto nos da igual), desayunamos, limpiamos un poco la mobile home y abandonamos el camping con destino, inicial, a Poitiers donde visitamos la iglesia de Saint Hilaire le Grand, y a cuya descripción paso.

Poitiers (Francia)

Dominando la valle del río Boivre, en el extremo de la ciudad, la iglesia de Saint Hilaire le Grand (San Hilario el Grande, vamos) se eleva en el emplazamiento que se supone es la tumba del santo obispo de Poitiers. Según la tradición, es el propio Hilario quien habría erigido, en una de las necrópolis galorromanas, la capilla donde fue inhumado, un oratorio dedicado a los mártires romanos del año 363, San Juan y San Pablo. La iglesia perpetúa la memoria del que San Jerónimo califica de "Rhône de la elocuencia latina", sin duda el primer obispo que atestigua la región y uno de los teólogos más famosos de la remota Edad Media antes de San Agustín.

Nacido en Poitiers hacia el 315, fue elegido obispo hacia el 350, poco después de su bautismo, hacia el 355 empieza una larga lucha contra el Arrianismo.

Aprovechó su exilio en Frigia, entre los años 356 y 360 para profundizar en su fe y para redactar entre otras cosas, un tratado sobre la Trinidad que le valió estar considerado como el primer "doctor" de la Iglesia latina de Occidente.

Saint Hilaire (Poitiers (Francia)

De vuelta a Poitiers, protegió al futuro San Martín de Tours y le permitió establecerse en Ligugé en 360-361. Traductor de Orígenes, introdujo en occidente la sutileza del pensamiento griego y se consagró hasta su muerte, entre los años 367 ó 368, a la composición de tratados, himnos y obras de teología, haciendo de su ciudad la capital de la ortodoxia. Mucho antes que Pío IX, que le proclamó Doctor de la Iglesia universal en 1852, Aymeri Picaud, monje del siglo XII, había resumido magníficamente la grandeza de sus combates: "entre muchos otros milagros, el beato Hilario, obispo y confesor lleno de la energía de Dios venció la herejía y enseñó a cultivar la unidad de la Fe".

La devoción a San Hilario comenzó verdaderamente con Clodoveo, milagrosamente amparado y ayudado en vísperas de la batalla librada contra Alarico, arriano y rey de los visigodos. Esta veneración popular de la tumba de este padre del catolicismo hizo que desde muy temprano y a pesar de las destrucciones sucesivas de los vándalos (412), de los hunos (453), de los musulmanes (732) y de los vikingos (863-865), un lugar de peregrinación reputado en la Edad Media y una ciudad de categoría comparable a las de Jerusalén, Roma y Compostela.

El prestigio de este edificio fue realzado todavía más cuando a partir de 935, los condes de Poitou se convirtieron en abates laicos, privilegio transmitido en 1204 a la corona de Francia.

El edificio actual, parcialmente del siglo XI, atestigua el interés manifestado por la familia condal, ya que las obras fueron comanditadas por Emma, hija del duque Norberto de Normandía y viuda del rey de Inglaterra, Canut el Magno, y más tarde por Agnès de Bourgogne, madre de Guillermo VII, quinto conde de Poitou que mando proceder a la dedicación del edificio en 1049.

La amplitud de la arquitectura y la disposición inhabitual del coro hacen tangibles las exigencias particulares de una iglesia de peregrinaciones, las necesidades de una comunidad numerosa y las contingencias financieras. En efecto, antes de las destrucciones revolucionarias, el edificio, precedido por un oratorio dedicado a San Thommastus, se elevaba a plomo sobre el valle del río Boivre, mientras que el coro fue construido sobre una enorme peña. Las obras empezaron por la torre del atrio, muy alta, (los pisos superiores se hundieron en 1590), que abría, la verdadera entrada triunfal, en el eje del cenotafio (tumba vacía o monumento funerario erigido en honor de una persona, o grupo de personas, para los que se desea guardar un recuerdo especial) curiosamente puesto en la nave. Más tarde se construyó una vasta basílica estructurada, abierta con altas ventanas y dotada con anchos colaterales y un transepto (se utiliza comúnmente en la terminología arquitectónica religiosa para designar la nave transversal que en las iglesias cruza a la principal ortogonalmente) saliente.

Sólo el coro con girola (o deambulatorio, consistente en un espacio que rodea al altar mayor de los templos por donde pueden transitar los fieles) y cuatro capillas radiales estaban abovedadas, uniendo con originalidad el arte románico a la arquitectura tradicional de las basílicas cristianas, de las cuales Saint Hilaire le Grand es el único ejemplo en Poitou.

Entre 1060-1070, la iglesia se abovedó para protegerla de eventuales incendios.

Los arcos vinieron a reforzar los muros y las pilas intermedias dividieron la nave en tramos al igual que los colaterales que recibieron bóvedas de medio cañón y bóvedas de aristas. En la Revolución Francesa, este edificio fue incautado como bien nacional y convertido en cantera y, en parte, derribado. Restituido al culto en 1805, perdió aún cinco tramos y fue declarado Monumento Histórico en 1847, fue reconstruido a partir de 1870, amputándosele dos tramos por la creación de la Rue de l'Ouest y su nave cubierta por una hilera de cúpulas.

La variedad de la escultura en la cabecera o sobre los capiteles sugiere las etapas de la construcción y la presencia de varios talleres. Si los follajes y los animales forman lo esencial del repertorio decorativo, se notan algunos capiteles historiados, tal como el que representa la muerte de Hilario.

Una serie de pinturas notables fue prevista y realizada desde el origen de la construcción y hasta el principio del siglo XII. Queda en el coro una moldura zodiacal e ilustraciones del libro del Apocalipsis en donde se puede reconocer a Juan y el Pepe, Juan y los jinetes, el Pepe del incensario, la mujer y el dragón, la lucha de Miguel contra el dragón; en las capillas, imágenes de vidas de santos honrados en Poitou como son San Martín y en la nave, los santos obispos de Poitiers.

Los diferentes aspectos de la peregrinación en honor de San Hilario, así como la devoción que suscitó están evocados por el mobiliario del siglo XVII: estatua de la Santísima Trinidad, grupo del Milagro de las claves, y sobre todo por el relicario en cristal de roca ofrecido por la reina Ana de Austria.

Está en un apartado lugar de la ciudad y su lateral izquierdo está a la sombra de un bonito y cuidado jardín con un tilo (eso creo) milenario y gigantesco, mientras que el otro lateral está protegido por una valla que lo separa de una zona sin edificios.

Hasta aquí la extensa explicación de la iglesia y su historia.

Tras aparcar los coches rebosándoles el equipaje en un parking, recorremos las estrechas calles de esta bonita ciudad y pasamos frente al Ayuntamiento (en rehabilitación) y compramos pan y bollos (los niños aprovechan para comerse un helado) en la plaza de la ciudad, donde somos testigos accidentales del apoteosis de una boda.

Iglesia de Saint Savin sur Gartempe (Francia)

Al utilizar los servicios públicos del parking, cuando íbamos a retirar los coches, varios de los integrantes se quedan atrapados dentro de uno de los dos que hay y sufren la limpieza de éste en sus propias carnes (pánico, terror y, al final, todo queda en un susto pasado por agua). Yo mismo quede atrapado en el otro, durante un rato, hasta que descubrí cómo hacer para salir (por aquello de las explicaciones en francés y semi borradas). Eso sí, son gratuitos.

Continuamos viaje a Saint Savin, donde visitaremos la iglesia de Saint Savin sur Gartempe cuya decoración pertenece al siglo XII.

Atravesamos inmensos campos de labor, que en esta época –salvo los de girasol– están descansando de cultivos, y paramos, en una zona boscosa, para comer y descansar un poco, Norberto aprovecha para conocer de cerca a las molestas ortigas (tras cabrearse con su tío, porque le requirió a que dejara de jugar con la Game Boy, hizo una incursión en el bosque, lo que le supuso un encontronazo con una ortiga) ¡Qué rico está el pan de Francia! ¡Y los bollos!

Girola Iglesia de Saint Savin sur Gartempe (Francia)

Explicación del interior de la iglesia de Saint Savin sur Gartempe: Llama la atención su exterior (situada en la amplia plaza del pueblo y protegida por varias hileras de tilos) por su torre de la campana de alargada, afilada y altísima techumbre toda ella cubierta de pequeñas tejas de pizarra (está en rehabilitación, parece que el Alcalde de Madrid haya pasado por nuestra ruta). En su interior todavía subsisten las pinturas del siglo XII en el pórtico, en el largo cañón de la nave y en la cripta oriental. Un grupo de artistas, de estilo bastante afín, pintó un amplísimo repertorio de escenas: un ciclo bíblico en la nave, temas escatológicos en el pórtico, y hagiográficos en la cripta. El estilo responde a figuras de gran canon, muy estilizadas. Simplifica las formas y estiliza los detalles expresivos, reduciéndolo todo a lo esencial. La gama cromática empleada se limita a unos tonos mates y claros, definidos con ocres intensos y verdes.

Nuestra visita gira tanto a su interior como al exterior, donde llegamos hasta las inmediaciones del río (supongo que el Gartempe) que pasa cercano al ábside de la iglesia y que es bastante caudaloso ¡Esto son ríos! Los niños aprovechan para intentar hacer la rana con piedras, cosa harto imposible pues nos encontramos en una zona cubierta de mullida hierba a un metro, o más, sobre el nivel del curso fluvial.

Tomamos un café, los mayores, y un helado, los niños, en un café que tiene mesas en la cabecera de la plaza sobre la que se encuentra la iglesia y disfrutamos de un alto en nuestro apretado itinerar por estas tierras a la sombra de unos magníficos, robustos, altos, viejos y cuidados tilos.

Observo que en Francia la mayoría de los árboles que protegen los sitios públicos son tilos ¡Por eso son tan tranquilos!

¡Esto es vida! ¡Cómo disfrutan los niños en estas paradas (cuando están juntos)!

Cada quien a su coche y seguimos camino, con algún que otro despiste, hacia la ciudad de Blois. Bueno realmente (como siempre) no entraremos en Blois, pues los campings están siempre a las afueras de las ciudades. Nos dirigimos, primero, a un camping en Onzaine, atravesando un espléndido y amplísimo pinar que discurre ceñido al río Loira (Loire –luar– que dicen ellos). Nos dicen que están hasta la bandera, y mira que es grande este camping. Seguimos hacia la población de Onzaine, donde nos han dicho que hay un camping municipal. Pues tampoco puede ser, aquí no tienen mobile home. Seguimos la búsqueda, cruzando el Loira, hacia Candé sur Beuvron donde recalamos en un camping, que también está repleto, que nos hace una gestión para preguntar en el de Mesland, cercano a Onzaine, si tienen mobile home para nosotros. Pues sí. Nos hacen la reserva allí, por lo que hemos de apresurarnos pues aquí todo (y cuando digo todo me refiero a todo) cierra a las seis de la tarde. Nos apresuramos y llegamos, tras algún que otro despiste al camping.

Chambord (Francia)

Está cerrada la recepción pero al cabo de 5 ó 10 minutos aparece un coche eléctrico conducido por un hombre que pregunta por el señor “X”. Somos nosotros. Nos conducen a la mobile home (última que les quedaba) que nos han adjudicado y a la vuelta paso por caja para pagar nuestra estancia (entre tanto un mocoso se entretiene en mover el coche eléctrico mientras su conductor nos presta toda su atención ¡Pues sí que educan bien a los niños aquí! Si es mi hijo le doy un cogotazo).

Pues aquí estaremos durante tres días, incluido éste. Esta mobile home es un poco más grande que la de Avanton y está distribuida de otro modo: tras subir los tres escalones que separan el porche del suelo, puro y duro, se entra por el lateral con habitación de matrimonio a la derecha y baño al frente, sobre la parte izquierda se extiende la cocina (amplia y bien pertrechada) y al fondo, tras ésta, el salón con una puerta que da acceso a la habitación (con tres camas, una de ellas litera) donde dormirán los niños. Por el salón también se puede salir al exterior, pero no al porche.

Nos instalamos, nos duchamos, preparamos la cena y nos la comemos dispuestos a descansar. Los niños ya han visto que el inmenso camping en el que nos encontramos dispone de zona de juegos para ellos y ¡Piscina! Por lo que empiezan a trabajarse el tema de cuándo iremos a la piscina y todo eso.

Amanece el día 6 radiante y soleado. Tras el desayuno salimos hacia Chambord. Un pedazo de palacio de cuento en medio de la inmensa campiña francesa. También lo encontraremos en rehabilitación ¡Por aquí ha pasado Gallardón!

Almenas Chambord (Francia)

Llegamos a Chambord (llegar hasta el aparcamiento –gigantesco– ya fue un triunfo, pues nos despistamos y dimos una vuelta por los campos que le circundan), situado en una explanada y rodeado, además de por un poblado bosque, por un foso de agua. Pertenece al Renacimiento francés y fue mandado construir por Francisco I (que fue hecho prisionero por Carlos V en la batalla de Pavía y prisionero en la Torre de los Lujanes, en Madrid. Más tarde, en una tregua, Carlos V pasaría algún día en el castillo de Chambord de camino hacia sus dominios del norte).

Inicialmente iba a tener una planta rectangular con torres cilíndricas en sus cuatro ángulos, poco más o menos que un cuadrado perfecto, donde se distribuirían sus habitaciones a través de una escalera central, pero durante su construcción se fueron añadiendo alas, a ambos lados lo que cambió su estructura. Sus tejados están plagados de chimeneas y esculturas fantásticas (incluso alguna gigantesca salamandra, símbolo de Francisco I).

Trabajaron en su construcción unos 1.800 obreros, que comenzaron su construcción en 1.519 y la finalizaron tras más de treinta años, en 1.547. Se cree que su protegido, Leonardo da Vinci, diseñó, al menos, la doble escalera central (pues era muy aficionado a ese tipo de escaleras dobles, triples e, incluso, cuádruples que discurren una junto a la otra sin cruzarse ni juntarse) rematada por una torre linterna alrededor de la cual se extiende la terraza.

Bueno como es costumbre en mí voy a hacer una sucinta explicación del castillo: Tenía, Francisco I, 25 años cuando acometió la construcción del castillo (era la época dorada del Siglo de Oro español y Carlos V, además de ser su más encarnizado rival, estaba en su apogeo, España enviaba expediciones al Nuevo Mundo y el arte se encontraba al final del plateresco).

Como se puede apreciar a simple vista no es simétrico, el ala que une el torreón noreste con la estructura principal es claramente más pequeña que el ala opuesta.

Plano de la planta del Castillo de Chambord

Se realizó la construcción imitando a una fortaleza medieval (Torre del Homenaje flanqueada por cuatro imponentes torres, dos alas y una muralla que encierra a todo el conjunto). Representa una síntesis entre las formas heredadas y la arquitectura innovadora del renacimiento italiano (logias, terrazas, machones verticales y molduras horizontales que dan ritmo a las fachadas).

Patio interior Chambord (Francia)

Ideado como albergue de caza, de desmesuradas medidas: 156 m de longitud, 56 m de altura, 77 escaleras, 282 chimeneas y 426 habitaciones o piezas, su peculiar silueta sigue siendo atractiva y sugerente gracias a su gracia y equilibrio.

Entre los materiales usados, la toba –blanda y frágil–, llama poderosamente la atención del visitante, pues aunque esta piedra calcárea fue profusamente utilizada en todos los castillos del Loira, es aquí donde ha sido trabajada con mayor virtuosismo.

Francisco I utilizó Chambord durante un tiempo no superior a 72 días durante sus 32 años de reinado. No llegó a ver la obra terminada (a su muerte sólo la torre del homenaje y el ala real estaban acabados). El aspecto actual de Chambord se lo debemos a su hijo, Enrique II, y a Luis XIV.

Como ya había dicho antes consta de Torre del Homenaje y escalera: en el centro de la Torre del Homenaje se encuentra la famosa escalera de doble revolución, que conduce a los tres niveles del palacio. Constituida por la unión de dos escaleras de tornillo (caracol) que giran alrededor de un núcleo central hueco. Este conjunto es el apoyo de la Torre y de su linterna, coronada por la flor de lis ¡Dos personas que suban por cada una de ellas se verán por las aperturas del núcleo, pero no se cruzarán jamás! Tiene nueve metros de diámetro, lo que permitía que por ella pudieran transitar, al tiempo, cinco caballeros totalmente pertrechados para la guerra.

En cada nivel, teniendo como origen la escalera, se encuentran cuatro vestíbulos dispuestos en forma de cruz que reparten las cuatro secciones de habitaciones exactamente idénticas. La innovadora planta y la ingeniosa escalera sugieren que Leonardo da Vinci, llegado a Francia a solicitud de Francisco I, puede ser uno de los inspiradores del proyecto.

La construcción de la capilla, al mismo nivel que la habitación de Francisco I, concluyó durante el reinado de Luis XIV, bajo la dirección Jules Hardouin Mansart –arquitecto de Versalles–. Sus dimensiones (ocupa dos plantas) son excepcionales lo que la convierte en la pieza más grande del palacio.

Chambord (Francia)

La habitación de Francisco I, que primero se alojó en la Torre del Homenaje, se ubica en la torre del ala norte, a la que se accede mediante una galería y una escalera de caracol en fachada. Consta de recámara, dos gabinetes, un pequeño oratorio y una Sala de Consejo.

Los aposentos de la Reina se situaron en la torre adyacente a la del Rey, compuestos por sala de guardia, dos antecámaras, recámara y piezas privadas.

Tiene establos para albergar a 1.200 caballos.

Está rodeado por un frondoso y cuidado bosque, donde se practicaba la caza –aún hoy hay ciervos y jabalís, entre otros animales– y le circunda una inmensa explanada con foso incluido, en la actualidad plagado de embarcaciones de recreo, y, a su vez, todo el conjunto está encerrado por una valla de más de 32 Km de longitud.

Hasta aquí lo que ha dado de sí Chambord que cuenta con una iglesia fuera del recinto palaciego.

Tras la visita, que se prolongó hasta la hora de la comida, descansamos y aprovechamos para comer en la inmensa explanada que rodea al palacio y donde todo el mundo hace lo propio pero, al contrario de lo que cabría esperar, no se ve ni un desperdicio ni un papel sobre el mullido césped.

Château de Villesavin (Francia)

Nos hacemos las fotos de rigor frente al palacio y continuamos viaje para ver el castillo ( château ) de Cheverny pero antes de eso paramos a visitar el recoleto, y privado, castillo de Villesavin.

En la puerta que da acceso a través del muro que separa esta magnífica finca del resto del mundo hacemos una parada para que los niños vean unos caballos que pastan a su libre albedrío. Allí otros visitantes con niños les dan trozos de pan, que comparten con los nuestros para que disfruten dándoselo ellos mismos.

Entramos en los dominios del Château de Villesavin, que consta de un edificio en forma de U invertida, por su parte frontal, donde en el brazo izquierdo está la capilla, recoleta y con frescos no muy bien conservados, este brazo –y el otro–, contienen en su interior un jardín tan grande como el que antecede a la entrada y que protegen ambos brazos. Se edificó por Jean le Breton (Juan el Bretón), señor de Villandry y secretario de finanzas de Francisco I (se encargó, por orden de éste, de edificar y pagar el palacio de Chambord, por lo que podemos deducir que los mismos maestros artesanos que trabajaron allí lo hicieron aquí), en el siglo XIV, en Guy de Chatillon, Condado de Blois, además del mobiliario, su fuente Florentina en mármol de Carrara y su colección de diademas de matrimonio –más de 350–, que no vimos pues sólo realizamos la visita al exterior (que es lo más llamativo), lo más significativo es el palomar para más de mil palomas (en la época de su construcción la capacidad de los palomares era muy tenida en cuenta como demostración del rango del propietario), su museo de carruajes (situado en la edificación que hay alrededor del jardín del brazo derecho, donde hay un gigantesco tilo centenario, a juzgar por su porte) y la vasta extensión de terreno que, en la parte trasera, se abre tras una explanada al bosque.

Museo Château de Villesavin (Francia)

Finalizamos la visita, pues el tiempo apremia, y seguimos, atravesando bosques y praderas, hacia el Château de Cheverny que pertenece a los descendientes de la familia Herault, conocida en Blois desde el siglo XIII. Se encomendó su construcción, en 1620, por el Conde Henri y la Condesa Margarita, al arquitecto Boyer de Blois y al pintor decorador Jean Monier (que trabajaron también para la Reina María de Médicis en el castillo de Blois).

Como hasta ahora todos los châteaux que hemos visitado está rodeado por una inmensa pradera circundada por un espeso y amplio bosque (éste, además, tiene una laguna con puentes y barcas). Tanto en praderas como en bosques destacan sus gigantescos tilos, plátanos, secuoyas gigantes, cedros (tanto del Atlas como de Líbano y del Himalaya), algún que otro sauce llorón y pinos. Su planta es totalmente lineal, con los extremos en forma de torreón, algo más amplios que el resto.

Tras acceder al interior y dejar al frente la escalera de honor pasamos, a la derecha, al comedor, acondicionado en el siglo XIX para grandes cenas y recepciones de gala. Inspirado en decorados del siglo XVII con techos y muros tapizados de cuero de Córdoba con el escudo de armas de los Herault –una cruz azul y soles rojos– y chimenea monumental de piedra decorada con oro fino y sobre ésta un busto del Rey Enrique IV. Tiene paneles con ilustraciones del Quijote, muy de moda en el siglo XVII, y su mobiliario es de roble esculpido, encargado en el siglo XIX. Las sillas se pueden desplazar gracias a las ruedecillas de hueso que tienen en sus patas delanteras. El comedor tiene también un imponente aparador de roble macizo (con el escudo de armas de la familia) y la mesa, con sus prolongaciones, puede acoger a 30 comensales.

Château de Cheverny

Atravesando el vestíbulo penetramos en el gran salón, a la izquierda de la escalera de honor. Profusamente decorado con cuadros que representan a los antepasados de los actuales propietarios y algún que otro Rey, y sillones y mobiliario de la época de Luis XIV a Luis XVI.

Continuando hacia el fondo se encuentra la galería donde se encuentran importantes recuerdos y cuadros de familia, y más allá el pequeño salón, donde se encuentra el único retrato del Conde Henri (quien mandó construir el castillo).

Seguidamente pasamos a la biblioteca que conserva 2.000 títulos antiguos encuadernados en cuero. Llama la atención el gran escritorio que lleva el sello de Jacob (principal proveedor del Emperador Napoleón I).

Y por fin accedemos a la última cámara (de las cuatro que comprende la torre de la izquierda), el salón de los tapices. Se dispusieron cinco tapices de Flandes, tejidos en el siglo XVII, sobre los cartones pintados por David Téniers el Joven (los motivos son: kermesse flamenca, el patio, la velada alrededor del recién nacido, los jugadores de bolas y los caballeros en la fuente). El mobiliario pertenece al reinado de Luis XIV y Luis XV.

Dormitorio Château de Cheverny (Francia)

Retrocedemos por el gran salón para salir al recibidor, subimos por la escalera de honor, que posee un descansillo y está hecha a la manera de “rampa sobre rampa” (de influencia italiana). Esculpida en toba blanca con motivos de guirnaldas, emblemas guerreros y las artes: geografía, arquitectura, música, poesía, pintura y escultura. En el descansillo se halla la enorme cornamenta de un “cervus megaceros” antepasado prehistórico del alce que fue colocada allí en el siglo XIX.

En la primera planta, y en el ala izquierda, se encuentran los apartamentos privados: seis. Tienen su acceso (aunque no se puede entrar en ellos, sólo verlos) por un gran pasillo.

El primer apartamento se denomina la habitación amarilla o habitación de los nacimientos (allí recibían y presentaban a los recién nacidos a la familia), el segundo se llama gabinete rojo, tras el que se encuentra la habitación infantil, le sigue la habitación de los esposos –ya en la torre–, el comedor familiar y, por último, el saloncito.

Al otro lado del distribuidor, donde finaliza la escalera, se encuentran la sala de armas, la más grande del castillo y que, además, conserva su decorado original pintado en el siglo XVII y la colección de armas y armaduras de los siglos XV, XVI y XVII.

Salón Château de Cheverny (Francia)

En el torreón de la derecha, tras la sala de armas, se encuentra la cámara del Rey, pues se reservaba tanto a éste como a huéspedes ilustres, consta de pinturas sobre historias y aventuras novelescas.

Una vez visto el interior, y aprovechando el buen tiempo que nos hace, disfrutamos de las hermosas y tranquilas vistas exteriores paseando por los caminos y veredas que surcan los terrenos aledaños al castillo.

Atravesando los jardines traseros nos dirigimos al Invernadero de Naranjos, lo que nos permite observar la fachada trasera, de estilo “Luis XIII” (muros enlucidos y ángulos de piedra de talla) y bustos romanos, de moda desde el Renacimiento.

El invernadero de naranjos, del siglo XVIII, se reserva a congresos y recepciones (durante la Segunda Guerra Mundial albergó a la Gioconda).

Tras ver someramente el invernadero, en la actualidad tienda de recuerdos, paseamos por las veredas que discurren, bajo inmensos árboles (en su mayoría tilos), con camino hacia el curso fluvial que hace de lago. Damos un largo paseo mientras avanza la tarde y acabamos por hoy nuestra agenda de visitas.

Antes de abandonar el recinto vemos, tras una reja que impide el paso, un palomar cubierto por hiedras que es tan imponente como el de Villesavin.

Jardín Château de Cheverny (Francia)

A la salida entramos en una tienda de productos típicos de la zona (foie, paté, vinos y champagnes, etc.) para deleitar la vista con exquisitos manjares pero debido al precio nos conformamos con mirar.

¡Ah, se me olvidaba! Hergé (el creador de Tintín) se inspiró en la fachada principal de este castillo para recrear su “castillo de Moulinsart”.

Coche y regreso a Mesland. En el camino, concretamente en Chaumont sur Loire pueblecito que se encuentra al otro lado del río frente a Onzaine, paramos en un puesto callejero de frutas y verduras para comprar los famosos, y dulces, melones de chantelup, zona en la que nos encontramos.

Llegados al camping, los niños se dan unos baños en la gélida piscina con tobogán de la que dispone el recinto mientras los demás procedemos a ducharnos y adecentarnos para la cena.

Cenamos unos sabrosos espárragos y salchichas (los niños, que están realmente hambrientos se comen un bote de salchichas en un “visto y no visto”, por lo que hemos de abrir otra lata para probarlas los mayores ¡Da gusto verles comer así!) que nos saben a gloria y como no me resisto a irme a dormir sin ver las magníficas fotografías que he sacado hoy las visualizo en mi cámara. 73 y qué bien han quedado

¡A dormir!

Château de Cheverny (Francia)

 

 

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R. Rico

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